En
aquél bochinche… alongándose, se levanta, se manifiesta, grita, sus bembas
resoplando, a pleno pulmón, templadera enorme, raña, desparramándose el güisqui
encima, fañoso: ¡¡MMESEROOO, MÁSSSS QUEQUE… ahhjjjgg, jozú!! El pobre imbécil se
añurgó. Pasa uno por la calle, entra en la cantina, aguzando el oído. ¡Los gritos del
bonachón aquél le irritan! Entra, digo: su baña minutos antes, como si estuviera siempre
aboyado, combado, a modo de Quasimodo, aún así es forzudo y al instante, deslizando el
cachorro en el perchero, muy decidido se acerca al zarandajo borracho con ganas de pelea.
Eh, eh, no se vale por sí mismo. Déjalo, ¡anda! Suerte tienes del Baldomero ángel de la
guarda. AUN ASÍ, ME OYES, NO IRÁS MUY LEJOS CHONI DE MIERDA, ¿¡ME OYES o te
tengo que gritar con un fonil en la oreja!? Anda, angelito de Baldomero, dame mis quinegua
de siempre, bien mojadas, como a mi me gustan.
resoplando, a pleno pulmón, templadera enorme, raña, desparramándose el güisqui
encima, fañoso: ¡¡MMESEROOO, MÁSSSS QUEQUE… ahhjjjgg, jozú!! El pobre imbécil se
añurgó. Pasa uno por la calle, entra en la cantina, aguzando el oído. ¡Los gritos del
bonachón aquél le irritan! Entra, digo: su baña minutos antes, como si estuviera siempre
aboyado, combado, a modo de Quasimodo, aún así es forzudo y al instante, deslizando el
cachorro en el perchero, muy decidido se acerca al zarandajo borracho con ganas de pelea.
Eh, eh, no se vale por sí mismo. Déjalo, ¡anda! Suerte tienes del Baldomero ángel de la
guarda. AUN ASÍ, ME OYES, NO IRÁS MUY LEJOS CHONI DE MIERDA, ¿¡ME OYES o te
tengo que gritar con un fonil en la oreja!? Anda, angelito de Baldomero, dame mis quinegua
de siempre, bien mojadas, como a mi me gustan.
Fuera, se oyen las primeras madrugadoras gaviotas que sobrevuelan los alrededores del
muelle, como si alguien desde la cubierta de su bote limpiara los peces y tirara las sobras
en el mar y estas, las gaviotas, atentas a las sabrosas tripas, como si de una águila se
tratara, van dando vueltas a su presa hasta que se deciden caer en picado y recoger su
manjar. Empieza el viento, se alza, tímidamente y, en esas, el gordo lo empuja fuera de la
vieja taberna y luego de aporrearle en el estómago se lo quita de encima, a margullar un
poco a ver si tenemos suerte y te hundes y no volvemos a verte jamás por aquí. Se oyó un
gran ¡CHAAAF! Volvió a entrar en aquél bochinche, más un bisne que otra cosa. El dueño
le informó que estuviera tranquilo, sólo era un turista JODER, un pobre turista… no puedes
golpear a todo el mundo que pasa por aquí. ¿Qué te pasa últimamente Diego? ¿Que QUÉ
ME PASA? ¿QUÉ TE PASA A TI, BALDOMERO? ACABAMOS DE MATAR A UN
HOMBRE, ¿O ES QUE YA NO TE ACUERDAS? Quieres no chillar. Compórtate con
normalidad y nadie sospechará nada…
Fuera, el choni buzo reflotó, salió como pudo del agua y huyó de allí tan rápido como sus
temblonas piernas le permitieron. Al rato llegó al hotel, subió las escaleras, esforzándose, y
abrió la puerta de su habitación. Pasó. Cerró la puerta. Puso el fechillo. Se descamisó, se
quitó los pantalones y los secó encima de las liñas, en la soleada terraza trasera. Desnudo,
se sirvió otro güisqui, perturbado, y fue entonces y solo entonces cuando se percató de su
presencia. Ahuevado, allí abrasivo estaba Julián, evaporándose al amparo del viento,
cachimba en mano, serenado. Un reguero de sangre se le escurría por la entrepierna.

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