Ferdinand

eso es lo que dará de si este blog, ser catalán
-y conejero- instaldo imaginariamente
en tierras lanzaroteñas y de gustos mundanos

miércoles, 29 de abril de 2015

cuentacuentos

En aquél bochinche… alongándose, se levanta, se manifiesta, grita, sus bembas 

resoplando, a pleno pulmón, templadera enorme, raña, desparramándose el güisqui 

encima, fañoso: ¡¡MMESEROOO, MÁSSSS QUEQUE… ahhjjjgg, jozú!! El pobre imbécil se 

añurgó. Pasa uno por la calle, entra en la cantina, aguzando el oído. ¡Los gritos del 

bonachón aquél le irritan! Entra, digo: su baña minutos antes, como si estuviera siempre 

aboyado, combado, a modo de Quasimodo, aún así es forzudo y al instante, deslizando el 

cachorro en el perchero, muy decidido se acerca al zarandajo borracho con ganas de pelea. 

Eh, eh, no se vale por sí mismo. Déjalo, ¡anda! Suerte tienes del Baldomero ángel de la 

guarda. AUN ASÍ, ME OYES, NO IRÁS MUY LEJOS CHONI DE MIERDA, ¿¡ME OYES o te 

tengo que gritar con un fonil en la oreja!? Anda, angelito de Baldomero, dame mis quinegua 

de siempre, bien mojadas, como a mi me gustan.

Fuera, se oyen las primeras madrugadoras gaviotas que sobrevuelan los alrededores del 

muelle, como si alguien desde la cubierta de su bote limpiara los peces y tirara las sobras 

en el mar y estas, las gaviotas, atentas a las sabrosas tripas, como si de una águila se 

tratara, van dando vueltas a su presa hasta que se deciden caer en picado y recoger su 

manjar. Empieza el viento, se alza, tímidamente y, en esas, el gordo lo empuja fuera de la 

vieja taberna y luego de aporrearle en el estómago se lo quita de encima, a margullar un 

poco a ver si tenemos suerte y te hundes y no volvemos a verte jamás por aquí. Se oyó un 

gran ¡CHAAAF! Volvió a entrar en aquél bochinche, más un bisne que otra cosa. El dueño 

le informó que estuviera tranquilo, sólo era un turista JODER, un pobre turista… no puedes 

golpear a todo el mundo que pasa por aquí. ¿Qué te pasa últimamente Diego? ¿Que QUÉ 

ME PASA? ¿QUÉ TE PASA A TI, BALDOMERO? ACABAMOS DE MATAR A UN 

HOMBRE, ¿O ES QUE YA NO TE ACUERDAS? Quieres no chillar. Compórtate con 

normalidad y nadie sospechará nada…

Fuera, el choni buzo reflotó, salió como pudo del agua y huyó de allí tan rápido como sus 

temblonas piernas le permitieron. Al rato llegó al hotel, subió las escaleras, esforzándose, y 

abrió la puerta de su habitación. Pasó. Cerró la puerta. Puso el fechillo. Se descamisó, se 

quitó los pantalones y los secó encima de las liñas, en la soleada terraza trasera. Desnudo, 

se sirvió otro güisqui, perturbado, y fue entonces y solo entonces cuando se percató de su 

presencia. Ahuevado, allí abrasivo estaba Julián, evaporándose al amparo del viento, 

cachimba en mano, serenado. Un reguero de sangre se le escurría por la entrepierna.


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